Resumen de la exposición de Bosco
Parra para el GT: "Izquierda
Chilena, siglo XX" de Plataforma Nexos. También
se puede acceder
a este trabajo en el último número impreso
de la revista Pastoral
Popular, de Enero Marzo 2012.
Primero, dos
advertencias:
1.- Voy a dar una visión personal de la IC, muy personal. 2.- No vengo a formular
teorías, sino a explicar el motivo
y las circunstancias de ciertos actos políticos muy individualizables
en el tiempo
que yo miro con cierta
crítica.
Desde niño me llamó la atención
que los textos bíblicos siempre son leídos por
lo menos de dos formas distintas, contradictorias. La mayoritaria, ortodoxa, jerárquica, especialmente católica
de acomodo
a los poderes dominantes, y por ende, al capitalismo. Una
segunda, minoritaria, herética, en el sentido en
que lo fueron los Waldenses, por ejemplo, que
no tienen nada que ver con las posiciones oficiales. Esta segunda forma se plantea
como una crítica
y comprende, a mi juicio, dos procesos simultáneos: uno el de sentir la urgencia de
optar por
los desposeídos en lo cotidiano,
sin esperar a
que "se den las condiciones" o
a que "la historia se desarrolle..." Urgencia rebelde y
denunciante. El segundo proceso es que
estas
formas heréticas desembocan en la creación,
también cotidiana, de diversas formas solidarias de producción y
reproducción de la vida, de satisfacción inmediata
y autónoma de las necesidades impostergables de los desposeídos.
Ambas visiones, la
denuncia permanente a partir
de la rebeldía y la creación inmediata de
instituciones materialmente perceptibles, están presentes
ya en los primeros esbozos
del pensamiento transformador y en los experimentos primigenios para llevarlos a la práctica. Así, entre los precursores del pensamiento socialista que se confiesan cristianos [1], uno encuentra como características la crítica a la institucionalidad
eclesiástica y la elaboración "utópica" de modelos sociales por completo antagónicos a los entonces -
y todavía - vigentes.
Etienne Cabet (1788-1856) buscaba una cristiandad regenerada. La
ICARIA, de su autoría,
inspira a seguidores que serán conocidos como los "comunistas icarianos". La palabra "comunismo" se hizo corriente en
1840 para designar su teoría.
"El comunismo de Cabet se acercó mucho más que el de Owen a una comunidad completa de
vida - sus aspiraciones
comunistas son tomadas de
los cristianos primitivos, del radicalismo social de la Edad Media
y del catolicismo del Renacimiento" [2] . Funda colonias icarianas en diversos estados
norteamericanos, con variado éxito.
Pero una
de ellas, la Nueva
Icaria, no desapareció hasta 1895.
Phillipe Buchez (1796-1865), criticando a la Iglesia Católica, afirma que las enseñanzas de Jesús exigirían la inserción del cristianismo en
el proceso histórico revolucionario, que se inicia con la Revolución Francesa. Es considerado el padre del cooperativismo francés, en su versión
principalmente productiva. En 1831 funda una asociación de obreros ebanistas, que servirá de modelo para ulteriores experiencias de producción obrera autónoma.
Hay otras huellas, generalmente ocultas. Refiriéndose a Lammenais, (1782-1854), dice Cole: "Me da la impresión de
que sus escritos de
carácter histórico y su presentación de las condiciones del proletariado, influyeron en su día en Marx mucho
más
de lo que Marx mismo pensaba. De
l'esclavage moderne es, sin duda, uno de los grandes documentos en la historia
de las ideas de la lucha
de clases"
[3].
Sinopsis del problema: la
IC asociación de comunidades o partido político.
La intención de la IC se explica por una especie de “simpatía” con la segunda lectura,
la lectura
"herética" y minoritaria de los textos sagrados. Se explica por una relación
emocional de admiración ante experiencias tan distintas y lejanas entre sí como la de Tomás Münzer, los Anabaptistas y las guerras campesinas alemanas
del siglo XVI, por un lado, y, saltándome unos siglos, la de los Traperos
de Emaús en Santiago
de Chile y otras
ciudades, esa comunidad de
técnicos e intelectuales, discípulos
del Abate Pierre quien
en algún momento convulsionó a los franceses de la prosperidad recuperada,
la existencia
de gente en la miseria, por completo marginados - y se propuso
convertir a lo más
humilde de lo humilde
en un agente productivo. Aquí en Chile ellos alientan una protesta política de izquierda muy firme.
La intención inicial de la IC se frustra, a mi juicio, cuando, al adoptar la forma de partido político
propiamente dicho, lo hace en desmedro de su proyecto de construir una asociación de comunidades
para la construcción cotidiana del
socialismo. En los años 80, los principales dirigentes concuerdan en
corregir tanto la imagen de
"ultrismo" que desde el tiempo
de la UP se asignaba a
la IC, como la de un grupo
ideologista y meramente "testimonial". En su lugar se esfuerzan por comportarse como un partido
político propiamente
dicho, respetable, con acceso a la política de democratización paulatina y
negociada que ya imperaba
y de la que en un primer momento parecieron excluidos. El horizonte será
de una legalización progresiva dentro del marco de la constitucionalidad pinochetiana. Este proceso resulta
inusitado, desconcertante, finalmente inaceptable para la juventud
poblacional que se había enrolado en
buen número
en la IC 'rupturista'. No se hicieron esfuerzos por continuar representando la desconfianza que,
viendo el cariz que a poco andar demostró la
Concertación, hay que calificar
como justificada, aunque en algunos momentos
se expresó de manera ruda y poco política. En vez, la disconformidad de este sector
se consideró más bien un problema de patología social que deberían enfrentar
los órganos de salud pública del estado democrático, que un asunto de
moral y confraternidad interna.
La Falange en los años 40
¿Cuál es el origen
histórico de la IC? ¿Sobre qué base, sobre qué memoria puede
empezar a conformarse
un grupo que busca formar parte del
movimiento general revolucionario, buscando reforzar
las potencialidades democráticas, libertarias, comunitarias del núcleo histórico central de tal movimiento? Hay que remontarse a los años 40 - y a los escándalos falangistas.
Primer escándalo: la Falange no es de derecha. Los católicos chilenos no tienen por
qué ser derechistas -
y menos su juventud.
Segundo escándalo, ahora promovido por
Bernardo Leighton: la Falange es anticapitalista y por ello puede y debe coincidir en acciones y organizaciones
de izquierda ¡comunistas! En
la cuenta que rinde al II Congreso de la Falange, Leighton advierte (en 1946, en plena
vigencia del espíritu de la Carta de San
Francisco, que ignora el imperialismo y
equipara las fuerzas de
la URSS y EEUU) - que la victoria
antifascista alentará una nueva ola de expansión capitalista,
que habrá de enfrentarse. Anuncia que se incorpora al Consejo Nacional de la CTCH de dirección
comunista, un militante falangista y,
en el plano de la teoría
política, propone la idea de una "democracia proletaria" en que los trabajadores organizados participarán como clase en la toma de decisiones del Estado y el gobierno. Se
trataba de extender una experiencia
ya conocida en el país: la
representación de los trabajadores en los Consejos Directivo de las Cajas
de Previsión Social. (En términos tomados
de Ernst Bloch,
la idea de Leighton hacía posible
la apropiación, por
un movimiento radical,
de un "excedente ideológico", capitalizable en ulteriores iniciativas de transformación.
Puede decirse que
el proyecto de una "vía no capitalista al
desarrollo" pretende utilizar dicho excedente.
La izquierda y
la DC en los años 60
Estos son años de aceleración
histórica. Simplificando, tanto la Izquierda como la DC proponen
cambios radicales, revoluciones. En
la Derecha predominaba el desánimo, quizás
con las únicas excepciones de Alessandri y
Jaime
Guzmán, los que, cada uno en su esfera, empiezan a tomar medidas para
contrarrestar la decadencia y
retomar la iniciativa.
Para la Izquierda y la DC se plantea
la cuestión de
diseñar rutas estratégicas que les permitan ir
más adelante.
En la Izquierda se impone
la tesis de que la revolución
chilena
es socialista, porque
una revolución socialista es la que corresponde a una formación
capitalista en crisis
(aun cuando, como en el caso chileno,
ese capitalismo fuera dependiente y subdesarrollado).
Para la DC, el problema consiste en
deducir las
consecuencias del hecho de que el "mejor
gobierno de la época",
el de Frei Montalva, al no romper
de raíz con el capitalismo, cerraría su
gestión con dramáticas injusticias. Correspondía entonces iniciar una vía no capitalista de desarrollo, cuya radicalidad exigiría el apoyo de toda la "unidad social
y política del pueblo".
Ambos intentos resultaron inviables. Debo advertir que en el análisis de
los factores que llevaron al fracaso de cada una, hago abstracción de las interferencias externas que ellas sufrieron. Sabemos que en la tragedia
de Allende ellas fueron determinantes. Pero creo que para una
reflexión crítica de Izquierda resulta más útil concentrarse en las restricciones internas, de naturaleza principalmente ideológica, que les impiden
adoptar las decisiones que
su compromiso político hacían exigibles. Esta advertencia
resulta más necesaria en el caso de la Unidad
Popular, porque creo que su flanco débil
no estuvo en los famosos "excesos" de izquierda, sino que en su incapacidad para neutralizar a tiempo
el golpe que aún la aplicación tímida de su programa hacía inevitable.
Autorrestricción
más que
excesos. En las altas cumbres de cierta
izquierda se desató, a
fines de los años 80, una verdadera competencia de
meas
culpas, que los llevó a milímetros de distancia de una justificación del golpe.
El problema de
la UP
A mi juicio, el intríngulis que traba la adopción de
decisiones oportunas es el
siguiente:
o Si el carácter de la revolución
es socialista, la ortodoxia formula una pregunta inescapable:
¿cómo
asegurar, en una alianza de
partidos y clases, el rol dominante y dirigente que, en este proceso específico, corresponde al proletariado y su partido,
por definición, el comunista?
Chile era un caso especial: aquí, novedad, existían dos partidos obreros
y marxista-leninistas: el Partido Comunista por derecho propio, y el Partido Socialista, por reconocimiento que
le otorga el Partido Comunista.
o ¿Cómo satisfacer la exigencia teórica de una dirección leninista
única? Se
construyó un ente práctico-retórico: la
"unidad socialista-comunista". Esta unidad contractual duradera se
suponía capaz de llenar
la función que en países del socialismo real cumplía un solo partido,
unificado regularmente
por fagocitosis.
Pero este conjunto sui generis no
logró afinarse. Antiguas y nuevas discrepancias demoraban o impedían los acuerdos. A
pesar
de esto, y quizás para aproximarse al canon, las "comisiones
políticas de los partidos obreros", en reuniones privadas posteriores a las plenarias de todos los partidos, conformaban una especie de "instancia contralora" de lo que acordara la totalidad
(este
procedimiento, que se traducía
en reticencias, medias palabras,
etc. - vagamente
percibido en fatigosas reuniones, resultó, para mí, probado por lo que leí en el exilio, en uno de los libros
de Joan Garcés). Es cierto que el Presidente, según comentaba
alguno de sus amigos, decía: "hay que preocuparse de los partidos de la pequeña burguesía". Pero a este propósito, me acuerdo de la sorpresa que me produjo la restricción que establecían los pactos constituyentes de la UP a las facultades decisorias tradicionalmente asignadas a la institución de Jefe de Estado y
Jefe de Gobierno. En este caso concreto
hicieron falta. Carecieron
de imperio tanto las decisiones de asamblea, como las de un poder ejecutivo. Habría mucho más que decir
para explicar esta ineficacia, la lucha
contra el fantasma del maoísmo que impidió
afrontar la escasez con restricciones
de consumo debidamente explicadas a la masa y levantó murallas contra el democratismo -
la exigencia de excluir
al MIR (justificable quizás, en algún momento de tensión
extrema) pero que se llevó al punto de poner fin
unilateralmente a los contactos establecido para eliminar fricciones entre ambos grupos - porque, como dijo un alto dirigente UP cuando se llegó a acuerdo en los asuntos del campo - la cosa marchaba "demasiado bien"-
En fin: hasta donde yo sé, el problema del golpe
militar nunca figuró en la tabla de reuniones de
los jefes de partido.
La estrategia de la unidad social y
política del pueblo
Esta es otra cristalización del estado de ánimo revolucionario de los años 60. Es una concepción tomiciana que desarrolla la que en su momento levantó
Leighton.
Había
que hacer la revolución desde y con todo el pueblo.
La literatura marxista suele discutir la validez del término "pueblo" como categoría teórica
o estratégica. Pero en el lenguaje maritainiano,
designa a todos los no privilegiados y a los que solidarizan existencialmente con ellos. Ahora bien,
si todos éstos pasan por encima de sus segmentaciones partidarias y corporativas para cumplir un programa de
transformaciones urgentes
y profundas -
se convierten en un pueblo revolucionario; y
la revolución sólo puede ir adelante cumpliendo esta condición.
Con un giro oratorio que fue mal acogido por la izquierda del momento, Tomic dijo: si el pueblo
vota mi programa,
los comunistas estarán en
el gobierno o en la cárcel. Para interpretar bien este exceso retórico, había que fijarse
en el supuesto: si el pueblo decidía afrontar el elevadísimo riesgo de una revolución
de verdad, oponerse
a él equivaldría a
sabotaje. Se combinaba en
Tomic una emotividad agudizada: ya no más - que venga ahora mismo el pan que necesita el
pueblo - con una racionalidad alerta
y severa: nada resultará sin la unidad de todos.
Si la Unidad Popular resultaba derrotada, se sabría de
antemano que la Unidad Popular integraría el gobierno y
este
gobierno, atendiendo solo al proyecto aprobado expresamente por la base jurídica primigenia, no vería restringida su actividad transformadora por ninguna norma
antigua, y anunciaría la fecha precisa en que daría cuenta de su gestión.
Pues bien, la izquierda del
PDC apoya esta teoría,
el resto la tolera, pero, cuando triunfa Allende, la mayoría la repudia.
Es que en ese momento, se impone
un pesimismo-realismo
"weberiano": el
partido, todo
partido, quiere el poder. Bajo este positivismo operarán el desconcierto, el temor, el rechazo (justificado) al sectarismo, la rutina
electoralista - y algún
proyecto siniestro.
Es cierto que la idea de anunciar
de antemano que en el caso de
una derrota debería apoyarse activa y desinteresadamente al triunfador rompía con la
cultura "democrática" imperante: porque era revolucionaria. Ponía la revolución y su defensa por encima de intereses contingentes, al tener debidamente en cuenta el riesgo obvio del golpe.
En este aspecto,
me resulta más
revolucionario Tomic que la UP. Porque ¿cómo puede explicarse
que esta posibilidad
estuviera prácticamente ausente
en el imaginario UP? Quizás se deba al optimista balance de fuerzas
que se practicaba por entonces: el enemigo tiene frente
a sí nada menos que al campo socialista, y
dentro de su cultura
sufre la penetración
de la ideología triunfante del proletariado. Las condiciones nos
son favorables. El enemigo ya no puede: pudo.
La IC como fracción del PDC
¿Qué justifica la permanencia en la DC y qué explica
su separación?
Las razones para permanecer pueden resumirse
en tres:
1. Asegurar la persistencia del patrimonio falangista de
izquierda.
2. Asegurar que el triunfo de la UP no derogue la estrategia de unidad social
y política del pueblo, apoyando a su gobierno.
3. Mantener una separación activa de la derecha, como elemento de contención del despliegue golpista ya perceptible.
Pero sucede que, sumándose a la eclosión del anticomunismo popular (fenómeno real, casi nunca reconocido, pero que siempre me
ha intrigado), se produce la derechización dentro del PDC y la política de contención, ya debilitada dramáticamente por el desprendimiento del MAPU, se hace ahora imposible.
Entonces se plantea
la pregunta: ¿hasta
cuándo permanecer dentro de la Democracia Cristiana?
Enfrentamos un problema ético. Vuelvo a rendirle
homenaje a mi camarada Juan Enrique
Míquel para quien esta pregunta
se volvía casi una obsesión: ¿Hasta qué momento somos
demócrata cristianos y en qué momento dejamos
de serlo? La respuesta fue: en el momento
en que adquiramos la convicción de que el núcleo dirigente histórico abandona la postura de radical anti derechista, constitutiva de la historia de la Falange.
Ahora bien, ese momento
llega cuando se rechaza
la propuesta que formulé
en una sesión del Consejo Nacional de la DC: la de prohibir expresamente toda alianza social y política
con la derecha y
con Patria y Libertad que
ya estaba en marcha. En tal caso, agrego, reafirmamos nuestra militancia y reforzamos el apoyo a una dirección que, sabemos, deberá enfrentar
una crisis interna severa, porque,
a diferencia del análisis marxista
de clases, se suponía
que los obreros y
campesinos DC iban a venir acá. Pero la propuesta no fue aceptada. Salimos, pues,
porque las bases de la DC se habían
derechizado y la dirección
DC no se decidió a enfrentar una lucha interna ciertamente difícil, pero que habría contado con nuestro apoyo, que no era de desdeñar.
Ataques y críticas a la fundación de
la IC (1971)
Después de salir y de constituirnos, vino un primer ataque, bastante
serio, bastante enérgico, en algunos momentos realmente hostil: el de los teólogos, principalmente católicos, de la liberación. A ellos les repele el adjetivo de "cristiana". En lo que yo estaba de acuerdo. La del nombre fue
la única batalla que
siempre perdí por votación enorme. El nombre
connota, en efecto, un retroceso a la idea de una “nueva cristiandad”, o
sea
el proyecto de la creación por
parte de los cristianos de
una nueva “ciudad” supra clasista
que eludiera el asunto de
la revolución de clases. Los teólogos de la liberación
tienen
una visión
proletaria revolucionaria. Con su crítica
a nosotros, estaban apuntando a Maritain.
Pero cierta
inspiración cristiana, ciertas advertencias morales deben incorporarse a la tarea revolucionaria. Así, nosotros buscábamos un socialismo despojado tanto del autoritarismo "stalinista" como
del consumista jruchovista. Esta idea de Jrutchov viene del mismo Lenin. Cuando éste dijo: "vamos a hacer propio el pragmatismo norteamericano", estaba de alguna manera adelantando la idea de que el socialismo alcanzaría con rapidez y
superaría el standard
de vida norteamericano.
En contra de esta idea, hay que reivindicar el tema
de la escasez. Un régimen socialista es todavía un
ajuste a la escasez. Cuando
uno quiere ajustar la
escasez con una mentalidad
consumista, esto puede tener
solamente la traducción socioeconómica de privilegiar a los obreros y
al partido sobre los campesinos y
los no obreros, con lo que se llega a la culminación
urbanística de Moscú, donde se hacen calles exclusivas para uso de la dirección y otras para el pueblo.
El tema del "consumismo" y
la escasez siempre lo hemos tenido presente. Cuando triunfa
Allende, la Comisión permanente del Episcopado
me llamó para que
les expresara mi visión del futuro
próximo. Según mi recuerdo,
les dije: “Ustedes son los llamados a 'privilegiar el no privilegio', a recordar la
escasez, a prevenir en contra del
consumismo como una necesidad del
gobierno. Van a haber críticas al gobierno por
parte de quienes tienen
ilusiones consumistas, y entonces será importante oír las advertencias de ustedes.”
El otro motivo de la resistencia de los teólogos era que ya existía el movimiento
de Cristianos
por el Socialismo y éste tenía representación y prestigio internacional.
El Mapu también nos criticaba, pero mucho más fraternalmente que los teólogos. Percibiendo
la lucha por el proselitismo que nosotros desencadenábamos en el interior de la UP, se daban cuenta que nosotros éramos un sector de la izquierda específicamente para los cristianos. En una entrevista que tuve de TV con
Rodrigo Ambrosio, dijo él: “La opción de los cristianos por una entidad propia en el interior
de la izquierda los
relega a una posición de segundo orden en la conformación del movimiento
revolucionario”. Yo le respondí:
“Tienes razón, pero no me importa. Pretendemos realizar una labor
específica”. Y aquí viene la fórmula de “destacamento especializado” en la militancia
de cristianos revolucionarios.
En el interior del movimiento teníamos, pues, un
lugar útil, no pretencioso.
Peculiaridades
de la IC en el interior del movimiento
y en el gobierno de
la UP
Cabe destacar, en primer lugar,
una disociación. Por un lado, el integrarnos de lleno en el movimiento
revolucionario nos permite algo
así como una catarsis: podíamos
expresarnos sin las limitaciones conceptuales y retóricas a
las que nos
sometía nuestra militancia DC. Nos sentíamos cubanos,
vietnamitas, nos emocionábamos con ellos, éramos “de ellos”.
Pero, por
otro lado, sentíamos una disconformidad creciente con la gestión
del Gobierno y de la Unidad
Popular. Presenciamos una auto restricción incomprensible al momento de enfrentar el golpe ya inminente, tanto en el aspecto militar como en el económico. La cuestión
ya propiamente militar, que viene
a ser una obsesión, no se abordaba
como una legítima,
necesaria y posible
rearticulación de la relación
de fuerzas UP frente a las
FF. AA. - Por ejemplo cuando se produce
la manifestación de las esposas de generales frente a la residencia
del Comandante en Jefe, pensamos que ése era el momento de
llamar a retiro
a todos los Generales que, usando a sus mujeres, habían ido en contra
de toda la tradición de las FF.AA.,
como lo confirma el hecho de que hubo dos
generales, casualmente DC, - Pickering
y
Sepúlveda
- que, cuando ven que el Gobierno no
les pide la renuncia a
los Generales golpistas, ellos renuncian
al ejército.
Estábamos en reunión
de la Comisión
Política de la UP con el Presidente, cuando éste es llamado aparte, y al volver, cuenta de
la renuncia de los dos
generales, a lo que yo le respondo que eso era lo lógico,
un paso que nos
estaba indicando lo que teníamos que hacer.
En esto teníamos discrepancias con el MIR. Refiriéndome a
la “descomposición horizontal” de las fuerzas armadas
en la URSS - una desobediencia que parte de la tropa y de ella sube hacia
los mandos medios y
superiores - , que es parte
de la tradición revolucionaria que el MIR hace propia sin mayor discusión, después
de un estudio bastante
concienzudo, llegué a la conclusión de
que en Chile teníamos que acentuar o
apoyar más bien la "descomposición vertical", concretamente el aprontamiento de
las unidades comandadas por
jefes y oficiales leales. Las había. Pero frente
a ellas no hubo nunca una actividad propiamente conspirativa. Había regimientos, tras los cuales podían desplazarse los recursos propios,
pues teníamos
armas.
Creíamos que se podía
combinar lo siguiente: descabezamiento del generalato, apoyo
a las unidades comandadas por
jefes leales, movilización de la fuerza propia
no como unidades técnicamente suficientes, sino como complemento al desplazamiento
de las unidades regulares. - Todo esto
no produciría la
guerra civil, sino lo que en términos militares es muy importante, la disuasión y
la neutralización. En
lugar de esto, se operó con gestos de cortesía y
ablandamiento con generales, como entregarle al Ejército, con pompa y solemnidad, una pistola heredada del General
Carrera por uno de sus descendientes de izquierda... El
lema del "soldado amigo"...
El sabotaje económico
Este otro
aspecto, el sabotaje económico, se lo enfrenta
con una incoherente
autocontención.
Llegó un momento en
que el compañero que dirigía
la Corfo anuncia:
“ya no hay carne de vacuno”.
Entonces propongo que esto se diga públicamente y
se decrete la prohibición de la carne de vacuno.
Lo mismo sucedió
con las fibras
textiles: no había más que una sola clase de fibra. Propongo que oficialmente se reduzca la variedad de tejidos, explicándole a la gente que
no podíamos darnos el
lujo de la variedad.
La respuesta que se me dio: “eso es maoísmo,
compañero”.
Peculiaridades de la IC como integrante del movimiento de la Unidad Popular.
Volviendo al tema de lo que pretendía ser nuestro aporte
al movimiento, podríamos resumirlo en los siguientes puntos:
Uno: escepticismo frente a la pretensión
de calificar una proposición política contingente como obediencia a una ley científica.
En el campo del
marxismo hay corrientes que atenúan o desahucian la
correspondencia mecánica entre leyes y operaciones políticas. Quien no tiene más que
leyes, es incapaz
de negociar.
Dos: Acerca del
juicio de la izquierda sobre el
“poder incontenible de las masas” [4], dispuestas a la revolución, "siempre que estén dirigidas por formaciones que interpretan
correctamente la ciencia marxista-leninista
de lo que derivan
luchas interminables por la dirección del movimiento y con frecuencia a costa del movimiento”.
Tres: predominio de la visión ética en la confección de
la proposición política. O sea preguntarse cada vez si la solución escogida cancela privilegios o no. Porque la forma clásica, de
la que no se apartan siempre
las revoluciones, es la
de sustituir unos
privilegios a otros, trasladándolos
de un grupo hacia otro. Por eso
la pregunta
que hay que plantearse radicalmente es si la opción escogida efectivamente cancela o no cancela privilegios.
Proyectándonos como izquierda...
En la época del hipercapitalismo
(expresión de Diamela Eltit)
habría que desarrollar políticas
que le pongan atajo a la búsqueda ilimitada de riqueza; sobrepasar las discusiones sobre reforma y revolución para enfocar su
esfuerzo constante, urgente, definitorio en ponerle límites
al desarrollo del capitalismo, con
miras a la sobrevivencia de
la especie. Reivindico la calidad
esencialmente ecologista de
la izquierda. La izquierda, en la medida en
que es anticapitalista -
porque sabemos que hay una izquierda que
no es anti, sino que quiere gobernar
el capitalismo - en esa misma
medida tiene que privar a ese sistema de nuevos campos de explotación.
Entre los dos
movimientos que han sido publicitados recientemente, el de Magallanes y el estudiantil, el
único anticapitalista es el
de los estudiantes porque
le pone límite al lucro, necesidad intrínseca
del capitalismo. El capitalismo "no tiene límites". Tenemos que investigar bajo qué formas
el capitalismo no
acepta límites. En la experiencia chilena, el capitalismo no
acepta límites cuando comete actos delictuales que quedan impunes. Este sería el trabajo de la izquierda: investigar los
actos
impunes del capitalismo sin
miedo a la conclusión de
asumir que nosotros mismos vamos a castigarlos.
El capitalismo no puede dejar de cometer delitos, calificados como tales por
la moral y la legislación de
cada
país, pero
delitos que permanecen impunes.
Si rastreáramos en la historia, veríamos
que la impunidad que
la izquierda concede a
los delitos capitalistas
tiene múltiples manifestaciones. ¿Qué otra cosa significaban las "burguesías
nacionales progresistas?
Si impedimos con la fuerza
física que se extienda el lucro en la educación, estamos haciendo una acción anticapitalista que
sirve de modelo para acciones semejantes en los otros dominios del capitalismo. Una
izquierda de todos los días tendría
que hacerse un examen de conciencia respecto a qué acciones micro está emprendiendo para impedir actos delictuales del crecimiento del capitalismo -
como lo hicieron por ejemplo esas niñas alemanas que se pusieron a
vivir encima de árboles que el capitalismo quería abatir para producir celulosa... La realización de estas acciones
"micro" debería servir de guía
teórica
para
aplicarlas a escala "macro".
Cuatro: Volviendo a lo que la IC subraya como elemento de peculiaridad: el
cuarto es que el único socialismo real es el de la “fabricación fraternal del pan”, el socialismo del
mutualismo que existe antes y
durante el capitalismo.
La esencia del socialismo es la “creación fraternal de pan”. Puede haber producción capitalista de pan.
Pero
la fabricación fraternal de pan es socialista, y no es auto
explotación como se dijo durante años. Cada vez que los obreros solucionan por cuenta propia las necesidades de
vivienda, salud y alimentación, que
deben
cargarse a la acumulación de capital
se estarían
auto explotando.
Este socialismo que
estoy describiendo
no espera la autodestrucción
del capitalismo, aunque sí
es
posible que este socialismo resulte siendo la única manera de
vivir una vez que el capitalismo desarrolle todas sus
potencialidades, también las que no conocemos, y
por lo tanto termine catastróficamente su tarea en la tierra.
Se está hablando cada vez más del
agotamiento de los bienes de la naturaleza. La idea del mercado mundial es coetánea con todo el marxismo. El
capitalismo, al no aceptar límites, tiende a ser
lo que los antiguos escolásticos decían del Estado y
de la Iglesia, que
son organismos perfectos, es decir, autosuficientes,
tienen dentro de sí todos los recursos que necesitan para cumplir con su tarea específica. El único límite pensable para
el capitalismo es
la catástrofe, ya no la crisis.
Si el movimiento de izquierda no emprende como tarea inmediata
el freno a la expresión
destructiva del capitalismo, incluso bajo la forma
de la ilegalidad de la acción directa, va a llegar el
día en que, produciendo ganancia,
produciendo ricos, el capitalismo alcance su verdadero límite que es la destrucción
de los recursos naturales
del planeta. Y entonces, al
terminar catastróficamente su tarea en la tierra,
intente lo que ya planea: un vuelo a lo Titanic hacia otros espacios. La salida lógica
de la burguesía es que salgan a
otros planetas quienes se
pueden pagar el pasaje. Los demás, que se mueran.
Retrospectiva
hacia la UP
Respecto al problema central
de la coyuntura en 1973, coincidía la
UP con el MIR en afirmar que
el problema inmediato era robustecer la dirección política del proceso. En realidad, el problema inmediato, de vida o muerte en el sentido estricto, era el golpe militar. El problema
era, pues, la coyuntura misma: ¿cómo disuadir el golpe militar? La solución política de la UP consistió en negociaciones
y apaciguamientos.
En un momento todo el mundo coincidió en la llamada a
plebiscito, que
tenía como
uno de sus resultados posibles el
alejamiento del gobierno de la UP. ¿Por qué, cuando triunfaron, no pensaron en
la posibilidad del plebiscito, es decir, en la posibilidad de dejar de ser
gobierno si el pueblo no nos
apoya? No podían pensarlo,
ni psicológica ni teóricamente,
porque, una vez tomado
el poder, el problema está en que su posesión se vuelve irreversible, si
la revolución es socialista, y
si el proletariado está al frente
y si el partido del proletariado está dirigiéndola. Hay un silencio, una
duda,
silencio que la derecha y el golpismo
rompen, interpretando que la UP no se pronuncia frente a la democracia porque
sabe que va a aplicar
el modelo checoeslovaco.
Tengo la impresión de que el Partido Comunista, que era el partido de la clase obrera chilena,
tenía una
contradicción insalvable entre una práctica democrática - de participar en las elecciones, en el parlamento, de hacerse valer como ciudadanos, por un lado, y, por otro lado, su
negativa a conceder un lugar en la teoría
de la revolución
a la idea de democracia entendida
como pluralidad y como
posibilidad de cambio
de gobierno institucional.
La idea de "dictadura"
en Marx y Engels aparece
por primera vez como
crítica a la creación prusiana de la república, por cuanto ésta no viene
defendida mediante una dictadura. Esta
crítica se inspiraba en la historia de la Roma clásica,
cuando el paso de
la monarquía a la república quedaba
asegurado por el nombramiento de un dictador
que por un período
de seis meses tenía la suma del poder con el fin de solidificar los cambios. En
este
sentido podría desarrollarse una teoría menos vulgar y menos rígida de la llamada "dictadura del proletariado".
Una anécdota: en la mañana del lunes 10 de septiembre
de 1973 llega a verme un miembro
de la Comisión
Política del MIR diciéndome que
había
que cancelar la UP y formar un nuevo polo de dirección revolucionaria. "¡Atrévete...!",
me dice.
Le respondo que ya desde hacía algún tiempo no había lugar para ninguna otra cosa que para dar una respuesta militar capaz de disuadir el golpe
que se avecinaba. En un papel que me hizo llegar
Miguel, me decía que cuando había llegado el momento, la
IC se había retacado de disolver la UP. Era la antigua idea de que las masas reaccionarían distinto si tuvieran una buena dirección.
En cuanto a la insurrección militar, con una sola unidad
que se hubiera opuesto, el golpe habría fracasado. Lo dice Pinochet en
sus memorias.
Y había unidades que hubieran estado dispuestas a
oponerse. Pero el trabajo
político tendría
que haber sido hecho de otra manera a lo que se hizo, pues, debido a la verticalidad del mando y a la forma
diferida o discontinua en
que se dan las órdenes, no era conducente ganarse a
unos cuantos suboficiales que desobedecieran, sino a la dirección superior de los respectivos regimientos.
En otro tema: ¿qué es de la IC en la lucha antidictatorial? No
me puedo pronunciar al respecto, pues no tengo los antecedentes.
La IC y el movimiento poblacional
Me permito una última consideración.
Hubo una fuerte
presencia IC en la juventud pobladora. Si es así, ¿por qué esta adhesión?
Porque la IC en ese momento se proyecta como una intención
de derrocamiento de
la dictadura, no de búsqueda de camino a través de la institucionalidad
de la Junta. La
IC existe para derrocar
a la dictadura y
consolidar las experiencias de la economía popular
en el futuro, eso es lo que siente la juventud pobladora. Ven esto como labor autónoma, no como dependencia del Estado ni como preocupación de los partidos.
En las conversaciones y
negociaciones de cúpula, en la legalización, ven
una alianza para no derrocar a
la dictadura.
Entonces, para entender la adhesión de la juventud pobladora a
la IC, hay que hacer el
esfuerzo de darse cuenta que se trata de una juventud
que,
por ser
tal y por la exclusión en
que han vivido
secularmente sus familias, ignora las prácticas
de un sistema político “democrático”, en que una clase política lucha entre sí por ocupar los
puestos privilegiados de la gestión gubernamental. Lo desconocido, como la sabemos, produce rechazo.
En la juventud
poblacional sospechan con razón que
se está gestando
un cambio radical de prioridades. Ahora vienen los “partidos
para sí”.
Hay un documento del PET, Programa de
Economía del Trabajo, en
que los encargados de la economía popular
del momento, desde las ollas comunes hasta las
cooperativas, pronostican que será la última
vez que se verán, porque la democracia la van a entender los políticos como manera de
ocupar puestos del Estado. Parecen
tener claro
que los partidos políticos son para repartirse
el poder, que la forma
“partido político” crea una
lógica que busca radicarse
en la esfera de la política parlamentaria.
Los grupos poblacionales de la IC viven la adhesión partidaria desde
la marginación y como marginación, lo que se traduce en una peculiar autonomía local. Siguen a figuras
de la IC o a la IC como tal. Sin embargo,
dicen ellos, “tenemos nuestras
propias normas en
las poblaciones”. Con lo cual hay que cuestionar la teoría de la anomia. En vez de ello, hubo una afirmación
de la autonomía en el sentido más tradicional, más griego del término: gente que se da su propia norma, que
no acepta la heteronomía,
la norma dada desde afuera.
Así viven la IC estos grupos
de poblaciones.
Verónica: no fue sólo dentro de la IC. Sino que se fue construyendo una forma
de hacer política dentro del movimiento de pobladores, y ésa fue la que entró en conflicto con estos partidos que
vinieron, más allá de la IC. Fue el movimiento social en su conjunto.
Bosco: de acuerdo. Yo sólo estoy refiriéndome a un caso particular
dentro
de un movimiento más amplio.
Dos anécdotas. En una estimulante concentración de la IC en Nataniel, aparece un grupo
de pobladores que dicen: nuestro único Secretario General
es ... y me señalan a
mí. Hablo con ellos, les digo que no, que ellos me están usando para no sé qué cosa. El jefe pide que entre
a la reunión
un niño más
joven y le pregunta:
“¿cuál es tu nombre de combate?” La
respuesta del niño: “mi nombre es El Bosco”,
y varios recitan párrafos
de algunos escritos míos. Y me dicen: “La IC ya no tiene nada que ver con lo que Ud. propuso”.
Me van a dejar en grupo
al paradero, y se despiden de la IC y de mí con un abrazo.
La otra anécdota: hay un homenaje a don Rafael
Maroto en Lo Prado, nos juntamos con
unos "ex", vamos a tomar unos
tragos y a hacer recuerdos. Me dicen: pregunten a
cualquiera de la población, cuál era el mejor y más activo
destacamento del Manuel Rodríguez. Y
todos van
a tener que reconocer: la IC.
De ahí entonces que mi intención y comprensión del asunto es que hay que aceptarlo.
No me voy a poner a alegarles, con el reglamento de la IC en la mano,
que no se puede militar en ella y en el Manuel Rodríguez a
un tiempo... No sólo había discrepancias, sino coincidencias entre
ambos
movimientos...
El hecho es que
en la Comisión Política de la IC se produce
un debate serio,
decisorio y
fraternal. Yo narro mi experiencia reciente de contacto directo con estos jóvenes y
propongo que, por lo menos, se reparen los problemas de desinformación sobre
el giro hacia las
formas antiguas de partidismo legal. Cómo, si no, hacer participar a niños que han estado todo el tiempo,
hasta su adolescencia, con nosotros, sin explicarles... Por
lo menos hay que pagar el precio
de la explicación... Hay que hacer un partido no prestigiado, un partido que
busca, un partido en ajuste...
Aquí otra anécdota: en un encuentro a
la vuelta del exilio, en casa de Tomic,
me pregunta uno de los asistentes por lo que he visto en Chile. Hablo de mis contactos con poblaciones. Me interrumpe con bastante poca cortesía: “A mí no me importan las poblaciones. ¡Qué tenemos que ver nosotros con las poblaciones!”
Un partido que pagaba el precio de la peculiaridad, de
la disconformidad, de la indisciplina de los jóvenes que se definen como ellos lo hacían, tenía un trabajo difícil. Me dicen, coincidiendo con sociólogos que califican el ethos poblacional como simple anomia: “eso que tú entiendes
como problema pedagógico político es un problema sanitario, de
salud mental, que deben atender las instituciones estatales especializadas. Un partido no tiene esa responsabilidad, sino que debe participar
en buena forma y con prestigio en la restauración de la democracia”.
La alteración dramática de
las prioridades, del orden de marcha del proceso, llevaba sin muchas vueltas
a la disolución de la IC. La intelligentsia se reparte entre los partidos poderosos
de Estado y de Gobierno. Reconozco que me gustan más
los que se van al PS que los que se van al PPD.
Pero
esto
es una subjetividad sin
importancia. Parte de la militancia común de los dirigentes persiste en
una organicidad nominal que termina
dolorosamente imitando desde lejos y con poca suerte un proyecto de
poder partidario que se mide por el tamaño de las cuotas estatales.
[1] ver G.D.H. Cole, Tomo I de Historia
del Pensamiento Socialista, Vol. I, "Los Precursores,
1789-1850", FCE. 1957
[2] op. cit., 16 y 86
[3] op. cit., 201
[4] Pablo Oyarzún ha estado publicando obras de Walter
Benjamin que
es necesario tener en cuenta: Benjamin, Walter. (2009). La Dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre
la historia. Traducción, introducción y
notas
de Pablo Oyarzún. Segunda Edición. Santiago: Lom; Walter Benjamin, El Narrador. Introducción, traducción, notas e índices de Pablo Oyarzún R.
Santiago de Chile:
Ediciones Metales Pesados,
2008.
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